Clases al aire libre: una alternativa educativa mundial ante la pandemia

La universidad neerlandesa, ubicada  en Midelburgo,  capital de la provincia de Zelanda, en Países Bajos, organiza clases  al aire libre para sus estudiantes bien sea en  parques, plazas o  estacionamientos, con la finalidad de  limitar el número de clases que se imparten en línea y aquellas que sean dadas dentro del aula. 

Dicha casa de estudios identificó más de 20 lugares de la ciudad para generar enseñanzas en espacios públicos, es por ellos que en Midelburgo no es extraño ver a la sombra de un árbol un profesor filosofando sobre Sócrates o contando en un estacionamiento la historia de la caída del Muro de Berlín.

«Espero que esto siga incluso cuando el virus haya desaparecido», destacó uno de los maestros, haciendo énfasis que  es más relajado y los estudiantes se distraen menos, sintiendo tranquilidad ante cualquier riesgo de contagio.

Beneficios  de impartir clases al aire libre:

Esta agradable modalidad favorece el bienestar tanto de los alumnos como de los profesores, según lo ha revelado un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Swansea (Reino Unido) y que ha sido publicado en la revista ‘Plos One’.

Aunado a ello, despierta la creatividad, aumentan el autoestima, la autonomía y el trabajo en equipo.Asimismo, mejora la salud, la motricidad y en general, la actitud hacia el aprendizaje.

Experiencias contadas:

El profesor Nieuwenhuis por primera vez da su curso de Introducción a las Ciencias de la Vida en el exterior hasta ahora, esta clase de la University College Roosevelt se dividía en dos: la mitad de los estudiantes presenciales y la otra mitad desde casa, para respetar las medidas contra el covid-19 en Países Bajos, donde se han declarado oficialmente más de 75.000 casos y 6.244 muertes.

«Es realmente genial porque podemos vernos sin pantallas ni interfaces digitales«, así que «es más relajado, tienes la impresión de no estar en clase», y los estudiantes se distraen menos, afirma Nieuwenhuis.

Según él, las clases al aire libre podrían convertirse en una nueva forma de enseñar: «Espero que esto siga incluso cuando el virus haya desaparecido. Estoy seguro de que seguiremos dando muchos cursos en el exterior», afirma el profesor, que trabaja desde mayo en la universidad de Midelburgo, con un 60% de estudiantes procedentes del extranjero.

Los estudiantes comentan: 

«Me gusta mucho la sensación de estar afuera, y podemos guardar una distancia suficiente entre nosotros, lo cual es imposible en un aula», explica Anje Boswijk, una estudiante neerlandesa de 21 años.

«Después de meses de cuarentena y de cursos en línea, es realmente inspirador y divertido tener cursos en el exterior», afirma Ediz Klont, un estudiante de 18 años que sueña con convertirse en cirujano.

Estrategias que piensan adoptar en días lluviosos: 

Para Anje Boswijk la solución es fácil. Para seguir hasta el final del semestre, en diciembre, con las clases al aire libre basta con que «todos se pongan suficientes capas» de ropa, «y traigan un paraguas«.

Edward Nieuwenhuis se imagina incluso mantas y una fogata, dice medio en broma. «Después de todos estos cursos impartidos en línea, nos hemos acostumbrado a los eternos problemas técnicos, de conexión, de sonido», lamenta.

En definitiva y con la emoción de enfrentar una nueva alternativa educativa y amena el profesor enfatizó que «en comparación con la miseria digital en la que estamos», algunos escalofríos, el ruido de los automóviles o el sonido del campanario de la iglesia «es realmente maravilloso».